El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presentó ayer 11 de marzo de 2026 en Madrid la herramienta HODIO —Huella del Odio y la Polarización—, un sistema para medir la presencia, evolución y alcance del discurso de odio en las plataformas digitales. El anuncio tuvo lugar durante el I Foro contra el Odio, celebrado en la Galería de las Colecciones Reales, y congregó a colectivos, especialistas nacionales e internacionales, así como a representantes de las principales plataformas de redes sociales.
La iniciativa se encuadra en el paquete de regulación digital que el Ejecutivo anunció en febrero. Sánchez explicó que HODIO será transparente y riguroso, estará basado en criterios académicos reconocidos y combinará análisis cuantitativo y revisión experta para garantizar precisión y representatividad. Sus resultados se harán públicos cada seis meses para que la ciudadanía conozca el nivel de odio presente en cada red social.
La analogía de la huella de carbono
El presidente recurrió a un argumento analógico para justificar la necesidad de medición: igual que la huella de carbono cuantifica el impacto ambiental de una actividad, HODIO buscaría cuantificar el impacto de la violencia digital. El sistema analizará grandes volúmenes de actividad pública en redes sociales para medir la intensidad y el alcance de los mensajes de odio, así como su evolución en el tiempo.
La herramienta se gestionará a través del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El objetivo declarado es disponer de datos que permitan diseñar políticas públicas más eficaces contra el acoso digital y aumentar la presión sobre las plataformas tecnológicas para que asuman mayor responsabilidad.
Los datos que respaldan la iniciativa
El diagnóstico presentado por el Gobierno apunta a una escalada sostenida. El OBERAXE identificó más de 845.000 contenidos de odio en 2025, más de 1.300 diarios solo en el último trimestre. Los ataques se dirigen especialmente contra mujeres, personas migrantes y personas trans. Según datos citados por el Ejecutivo, tres de cada cuatro jóvenes españoles se encuentran con discursos de odio en internet. En la última década, los delitos de odio han crecido un 41% en España. Por otro lado, el índice de retirada de mensajes de odio de las redes sociales ha crecido del 22 al 51%, pero el Gobierno considera esa cifra insuficiente.
En cuanto a la red X (antes Twitter), Sánchez aseguró que los discursos de odio en esa plataforma aumentaron un 50% desde que Elon Musk la adquirió en octubre de 2022.
Tercera pata: el delito de amplificación algorítmica
HODIO no es una medida aislada. El Gobierno trabaja también en la prohibición del acceso de menores de 16 años a las redes sociales, actualmente en tramitación parlamentaria, y en la creación del delito de amplificación algorítmica para castigar a quienes diseñan modelos para propagar el odio. Ambas medidas, junto con HODIO, configuran una estrategia que el Ejecutivo enmarca en la idea de que las redes se han convertido, en sus propias palabras, en un «estado fallido» donde no hay reglas y se premia la impunidad.
El contexto europeo: DSA y la tensión con Estados Unidos
La iniciativa española no surge en el vacío. A nivel europeo, el marco regulatorio de referencia es la Ley de Servicios Digitales (DSA), en vigor desde 2022. En enero de 2025 se integró en el DSA un Código de Conducta revisado para la lucha contra la incitación ilegal al odio en internet, que obliga a las plataformas a retirar los contenidos señalados en un plazo de veinticuatro horas.
Sin embargo, este marco regulatorio europeo atraviesa una etapa de tensión geopolítica. En diciembre de 2025, el secretario de Estado norteamericano Marco Rubio sancionó al ex comisario Thierry Breton, uno de los artífices del DSA, congelando sus activos en Estados Unidos y declarándole persona non grata, alegando que el reglamento constituía censura y coerción hacia plataformas estadounidenses. Los talleres de trabajo del DSA se han convertido en eventos a puerta cerrada a petición de las compañías, según informó Politico en febrero de 2026.
Esta fricción transatlántica añade complejidad a cualquier iniciativa nacional que pretenda ir más allá del DSA: las medidas unilaterales de los Estados miembros pueden quedar atrapadas entre la presión de Washington y los límites del derecho comunitario.
Debate interno: regulación o censura
La presentación de HODIO ha generado lecturas antagónicas en el panorama político y mediático español. Desde sectores críticos con el Gobierno se ha interpretado la herramienta como un instrumento orientado no solo a combatir el odio, sino también a presionar a plataformas y usuarios con discursos contrarios al Ejecutivo. La combinación de análisis cuantitativo con «revisión experta» —es decir, valoración subjetiva— es el punto que concentra mayor controversia, dado que implica decisiones discrecionales sobre qué contenidos se consideran odio.
Desde una perspectiva técnica y de política pública, el principal reto metodológico de HODIO será establecer criterios que distingan con precisión el discurso de odio ilegal —definido por la legislación europea y nacional— del discurso político ácido, la crítica institucional o la expresión de opiniones minoritarias. El DSA ya enfrenta ese mismo dilema a escala continental: los sistemas de moderación pueden afectar al derecho a la libertad de expresión e información mediante sobremoderación o inframoderación de contenidos, generando autocensura o efectos paralizantes.
Implicaciones para la transformación digital
La apuesta española por un índice público de odio digital abre una línea de actuación que otros países europeos observarán con atención. Si HODIO se aplica con rigor metodológico independiente, puede convertirse en un instrumento útil para la investigación académica, la evaluación de políticas públicas y la rendición de cuentas de las plataformas. Si, por el contrario, la «revisión experta» carece de independencia institucional, el instrumento podría perder credibilidad antes de consolidarse.
El anuncio confirma, en todo caso, que España se posiciona como uno de los países de la UE más activos en la construcción de un marco de gobernanza digital doméstico, complementario —y en ocasiones más ambicioso— que el propio DSA. La decisión de hacer públicos los resultados cada seis meses añade un elemento de presión reputacional sobre las plataformas que, si se sostiene en el tiempo, podría tener efectos reales sobre sus políticas de moderación en el mercado español.



