Casi dos de cada tres empresas (un 59,6 %) tenía expectativas de crecimiento y apenas un 2 % mostraba expectativas de empeoramiento de la situación económica antes del inicio de la guerra en Irán el pasado 28 de febrero. Un conflicto bélico que ha vuelto a alterar por completo el escenario global de los negocios: los riesgos y preocupaciones que hasta entonces parecían secundarias cobraron protagonismo con la inestabilidad global y los precios energéticos.
Es más, según se desprende del informe sobre el impacto de los aranceles y la guerra en los negocios internacionales elaborado por la consultora de negocios internacionales Gedeth Network, las perspectivas de crecimiento eran similares entre las diferentes regiones, siendo América del Norte la región más optimista con expectativas de crecimiento (un 66 % de las respuestas).
Para la elaboración del estudio sobre el impacto de los aranceles en los negocios internacionales, que se presentará al completo en unas semanas, Gedeth ha contactado a más de 50.000 empresas de todos los tamaños y sectores operando en más de 90 países de los cinco continentes. Analizando el impacto previo a la guerra, el informe también revela:
Aumento de las ventas: Dos tercios de las respuestas indicaban previsión de crecimiento de las ventas, principalmente un crecimiento moderado (41 %), pero con una cifra notable de crecimiento significativo (26 %). Apenas el 6 % de los encuestados esperaba un descenso de ventas y la gran mayoría de éstos esperaba que fuera moderado. Las empresas ubicadas en Asia Oriental y Pacífico eran las más optimistas: 65 % de expectativa de crecimiento moderado y 16 % de crecimiento fuerte.
Estabilidad en el empleo: Las empresas se mostraban más prudentes con respecto al empleo. Casi dos tercios de los encuestados (el 59 %) esperaban mantener el empleo estable, mientras que el 29 % preveía un crecimiento y solo el 12 % una reducción. Las expectativas de incremento eran más bajas en EMEA (26 %) que en Asia-Pacífico y las Américas.
Tecnología, la gran beneficiada antes de la guerra: El sector tecnológico era el de mejores perspectivas, con un 64 % de los encuestados esperando que fuera el más beneficiado. Energía (35,5 %), salud (32,9 %) y servicios profesionales (24 %) fueron los siguientes sectores más escogidos por los encuestados. En el extremo opuesto, solo el 10,7 % de los encuestados preveía que la industria manufacturera saliera bien parada de la situación. Esto es coherente con un escenario en el cual las empresas estaban preocupadas por aranceles cuya estrategia orientadora, al menos en teoría, era reducir la reindustrialización de determinados países.
Diversificar para crecer y mantener: De entre las opciones propuestas estratégicas propuestas, las empresas optaban mayoritariamente por la diversificación de mercados internacionales (29 %), en las tres regiones globales estudiadas. En este caso, las empresas americanas eran las menos volcadas al exterior (25 % frente al 22 % de concentración en el mercado local). La diversificación de productos y servicios y la optimización de costes fueron las siguientes opciones preferidas, seleccionadas por el 19 % de los encuestados, con importantes diferencias regionales: la optimización de costes y eficiencia operativa era prioritaria en EMEA (24 %), y poco importante en Asia-Pacífico (6 %). Finalmente, la concentración en el mercado local (17 %) y las alianzas estratégicas (14 %) eran las opciones menos escogidas por los encuestados.
La inestabilidad internacional era la gran amenaza: La inestabilidad internacional (52 %) y los aranceles (41 %) eran las principales amenazas percibidas por los encuestados antes del inicio de la guerra, mientras que el mercado energético (5,5 %) era la menos importante, por detrás de los factores demográficos (7,8% ) y los eventos climáticos (11 %). Podemos estacar también las preocupaciones regulatorias (34 %) y la incertidumbre ante los impactos de la inteligencia artificial (19,2 %).
La IA amenaza y oportunidad: La inteligencia artificial se percibe como amenaza, pero también como oportunidad, puesto que el casi el 60 % de los encuestados mencionaron la IA y la digitalización como oportunidad más destacada, junto con el acceso a nuevos mercados (48 %) y la innovación de producto (41,4 %). La depreciación del dólar y de otras divisas no interesaba a los encuestados (solo el 9,2 %), y no parecía tampoco haber grandes expectativas sobre la innovación en materia de energía (10 %).
“Los encuestados mostraban un elevado optimismo a pesar de la incertidumbre generada por los aranceles, con expectativas negativas muy minoritarias. Esto podría sugerir que los aranceles eran una preocupación relativamente menor en un entorno, en general, de crecimiento y estabilidad en muchos países diferentes, y que las empresas consideraban que tenían maneras de compensar su exposición a ese riesgo, ya fuera a través de innovación y productividad o a través de diversificación de las ventas internacionales: los aranceles serían, entonces, un problema relativamente localizado y aislable”, explica Juan Millán, CEO de Gedeth.







