Ayer 30 de noviembre, se celebró el Día Mundial de la Seguridad de la Información (Computer Security Day), una fecha que nació a finales de los años 80 para recordar algo muy simple pero cada vez más crítico: sin información segura, nada funciona. Ni empresas, ni administraciones, ni ciudadanos.
- Rusia: del apagón a la guerra de Ucrania
- China: Spamouflage y las inundaciones en Valencia
- Israel y Gaza: IA, cuentas falsas y ecos en España
- Marruecos y la “zona gris” en Ceuta y Melilla
- El factor USA: la guerra cultural de importación
- Nuestros propios altavoces
- Quién está en el lado defensivo
- ¿Qué significa todo esto para la ciberseguridad?
Tradicionalmente se hablaba de proteger contraseñas, copias de seguridad o virus informáticos. Pero en 2025 el concepto va mucho más allá: la seguridad de la información también implica defendernos de la desinformación organizada, de las campañas que manipulan percepciones, explotan crisis y erosionan la confianza en nuestras propias instituciones.
En España ya no hablamos solo de hackeos, ransomware o DDoS. Cada gran crisis —una caída eléctrica, una DANA, una guerra lejana— viene acompañada de algo menos visible pero igual de dañino: campañas de desinformación que buscan romper nuestra confianza en las instituciones, en los medios y, al final, entre nosotros mismos.
Los informes de Seguridad Nacional ya lo dicen abiertamente: la desinformación es una amenaza estratégica. No es un meme aislado, es una herramienta de poder.
Rusia: del apagón a la guerra de Ucrania
Rusia lleva años usando España como campo de pruebas informativo: Cataluña, OTAN, sanciones, energía, Ucrania…
Un ejemplo claro fue el apagón de abril de 2025 en España y Portugal. Técnicamente, todo apunta a un fallo en la red eléctrica, no a un ciberataque. Pero en redes apareció otra historia: mensajes y “pantallazos” falsos que aseguraban que era culpa de las sanciones a Rusia, de la OTAN o de conspiraciones energéticas europeas. El objetivo no era explicar el apagón, sino conectar el enfado de la gente con el discurso prorruso.
Lo mismo pasa con Ucrania: cadenas de mensajes y contenidos que mezclan medias verdades y propaganda para instalar la idea de que “esta no es nuestra guerra” y que apoyar a Kiev solo trae problemas a España y a la UE.
China: Spamouflage y las inundaciones en Valencia
China juega una partida distinta, pero igual de sofisticada. Una de sus principales armas es la red Spamouflage, formada por cuentas y webs falsas que se presentan como activistas o medios locales.
En España la vimos actuar tras las inundaciones mortales de Valencia. Esa red se hizo pasar por la ONG Safeguard Defenders —con sede en Madrid y muy crítica con Pekín— y lanzó mensajes pidiendo “derrocar al Gobierno español” por su gestión de la tragedia. Era, sobre todo, un doble golpe: contra la imagen de España y contra una organización incómoda para China.
Es un buen ejemplo de cómo un evento climático extremo puede convertirse en escenario de guerra informativa.
Israel y Gaza: IA, cuentas falsas y ecos en España
En el caso de Israel, la pieza más clara es la campaña encubierta de la consultora Stoic, contratada por el Ministerio de Asuntos de la Diáspora. Cuentas falsas, webs que imitaban medios, contenido generado con IA… todo para empujar mensajes pro-Israel sobre la guerra de Gaza en audiencias clave.
España no aparece como objetivo prioritario de esa operación, pero la ola nos llega igual: aquí circulan centenares de bulos sobre Gaza, tanto pro-Israel como pro-Palestina. Vídeos fuera de contexto, imágenes de otros conflictos, estadísticas inventadas, acusaciones cruzadas de genocidio o terrorismo.
Ese ruido no solo polariza el debate sobre Palestina: también se usa para alimentar narrativas anti-UE, anti-OTAN, anti-medios o antiinmigración.
Marruecos y la “zona gris” en Ceuta y Melilla
En paralelo, España vive una tensión silenciosa en el flanco sur. La Estrategia de Seguridad Nacional alerta de posibles amenazas híbridas sobre Ceuta y Melilla, sin señalar a ningún país de forma directa, pero el contexto con Marruecos es evidente.
Analistas hablan de una estrategia de “zona gris” que combina presión migratoria, diplomática y económica con campañas mediáticas y de desinformación que cuestionan la españolidad de las ciudades o intentan influir en cómo se perciben fuera. No siempre hablamos de bots o grandes operaciones; a veces basta con una cadena de relatos insistentes bien colocados.
El factor USA: la guerra cultural de importación
Estados Unidos es un caso particular. No hay pruebas públicas de una campaña oficial para desinformar sobre España, pero el ecosistema mediático y de “guerra cultural” norteamericano pesa muchísimo en lo que vemos en redes.
Narrativas sobre vacunas, clima, “ideología de género”, QAnon o debates identitarios nacen en EE. UU., se viralizan en inglés y luego se traducen, recortan, adaptan y mezclan con temas europeos: energía, Ucrania, Gaza, inmigración… Para el usuario medio español, el origen se diluye; solo queda la sensación de que “todo está mal” y “no te puedes fiar de nadie”.
Nuestros propios altavoces
Nada de esto funcionaría igual sin altavoces internos:
- Políticos que reciclan relatos externos para su pelea diaria.
- Pseudomedios y youtubers que se presentan como “periodismo valiente” mientras venden propaganda y conspiración.
- Medios serios que, por prisas o por sesgos, amplifican bulos sin querer.
- Influencers y canales de Telegram o WhatsApp que reenvían contenido de origen opaco casi sin filtro.
En la jerga europea se habla de “actores cognados”: no obedecen necesariamente a Moscú, Pekín o quien sea, pero empujan en la misma dirección.
Quién está en el lado defensivo
La buena noticia es que España no está a ciegas. En los últimos años se ha montado un ecosistema defensivo interesante:
- El Departamento de Seguridad Nacional y el Foro contra las Campañas de Desinformación, que coordinan la respuesta del Estado.
- CCN-CERT e INCIBE, que empiezan a tratar la desinformación como parte del entorno de ciberamenazas.
- Verificadores como Maldita.es, Newtral, EFE Verifica o VerificaRTVE, que siguen el pulso diario de bulos y tendencias.
- El observatorio IBERIFIER y el mundo académico, que ayudan a entender el fenómeno con datos y contexto.
- La Oficina C del Congreso, que intenta traducir todo esto en recomendaciones y posibles cambios legales.
¿Qué significa todo esto para la ciberseguridad?
Para quien trabaja en ciberseguridad en España, el mensaje de fondo es claro: ya no basta con proteger servidores, redes y endpoints. También hay que proteger el relato.
Cada apagón, cada DANA, cada guerra que vemos por la tele es, al mismo tiempo, un escenario potencial de ciberataques técnicos, y campañas de desinformación que buscan que dejemos de creer en nuestras propias instituciones.
La frontera entre ciberseguridad y seguridad informacional se está difuminando. Y, nos guste o no, en esa frontera España ya es frente de batalla.




