Durante años nos han repetido la misma idea: el mundo se fragmenta, la cooperación internacional se rompe, cada país va por su cuenta. Y, sí… algo de verdad hay en eso. Pero el Global Cooperation Barometer 2026 nos deja un mensaje mucho más matizado —y, curiosamente, más esperanzador—: la cooperación global sigue viva, solo que ya no se parece a la que conocíamos . No estamos ante un apagón. Estamos ante una reconfiguración.
- De la gran mesa global… a muchas mesas pequeñas
- Cinco pilares para entender qué está pasando
- 1. Comercio y capital: menos global, más selectivo
- 2. Innovación y tecnología: cooperación… con reglas nuevas
- 3. Clima y capital natural: avances reales, insuficientes
- 4. Salud y bienestar: estabilidad frágil
- 5. Paz y seguridad: el punto más débil
- La carrera por la IA impulsa la cooperación… incluso en un mundo más fragmentado
- Entonces… ¿qué nos está diciendo realmente este informe?
- Una conclusión incómoda (pero realista)
De la gran mesa global… a muchas mesas pequeñas
El informe es claro: la cooperación multilateral clásica (la de grandes organismos, acuerdos universales y consensos amplios) está bajo presión. Menos acuerdos, menos financiación, menos capacidad de resolución, especialmente en temas sensibles como seguridad, comercio global y ayuda internacional.
Pero aquí viene el giro interesante. Mientras esa gran mesa se tambalea, aparecen muchas mesas más pequeñas, más ágiles, más prácticas. Países que se juntan no por ideales abstractos, sino por intereses concretos y compartidos.
El informe lo llama minilateralismo. Dicho en lenguaje normal: “trabajemos juntos en lo que nos conviene a los dos (o a los cinco)”.
Cinco pilares para entender qué está pasando
El barómetro analiza la cooperación global en cinco grandes áreas. Y el diagnóstico no es uniforme.
1. Comercio y capital: menos global, más selectivo
El comercio mundial no se hunde, pero sí cambia de ruta. Los flujos de bienes crecen más lento que la economía global, mientras los servicios digitales y el capital financiero siguen aumentando.
¿La clave? Los países comercian cada vez más con socios “alineados”, no necesariamente con los más baratos.
- Más cadenas regionales.
- Más acuerdos entre economías afines.
- Menos confianza en el sistema global único.
No es desglobalización. Es reordenación.
2. Innovación y tecnología: cooperación… con reglas nuevas
Aquí el movimiento es contradictorio. Por un lado, explosión de flujos de datos, servicios IT e infraestructuras digitales. El ancho de banda internacional es hoy cuatro veces mayor que antes de la pandemia. Por otro, más controles, más restricciones, más líneas rojas en tecnologías críticas como IA, semiconductores o 5G.
La cooperación tecnológica no desaparece. Se fragmenta por bloques. Y aun así, sigue avanzando donde hay incentivos claros: centros de datos, estándares técnicos, despliegues de IA aplicada.
3. Clima y capital natural: avances reales, insuficientes
Este es uno de los capítulos más incómodos del informe. La cooperación climática crece:
- Más financiación
- Más comercio de tecnologías limpias
- Récords en despliegue de solar, eólica y vehículos eléctricos
Pero… no lo suficiente. Las emisiones totales siguen subiendo. El ritmo no alcanza los objetivos del Acuerdo de París. Es el clásico caso de “vamos en la dirección correcta, pero demasiado despacio”. Y aquí, otra vez, los avances más sólidos vienen de coaliciones regionales y no de grandes acuerdos globales.
4. Salud y bienestar: estabilidad frágil
Los indicadores de salud global aguantan: mayor esperanza de vida, menor mortalidad infantil, mejores resultados generales. Pero debajo hay una grieta peligrosa: la ayuda internacional para salud está cayendo con fuerza.
- Menos fondos multilaterales.
- Más presión sobre presupuestos nacionales.
- Más riesgo para países de ingresos bajos y medios.
Todavía no se ve el impacto… pero llegará si esta tendencia continúa.
5. Paz y seguridad: el punto más débil
Aquí el informe no suaviza nada.
- Más conflictos.
- Más desplazados.
- Más gasto militar.
- Menos eficacia de los mecanismos multilaterales.
Es el único pilar donde todos los indicadores están peor que antes de la pandemia. Y aunque surgen iniciativas regionales, la cooperación global en seguridad está claramente en retroceso.
La carrera por la IA impulsa la cooperación… incluso en un mundo más fragmentado
La digitalización sigue siendo el principal motor de la cooperación tecnológica global. El crecimiento de los flujos de datos, el comercio de servicios IT y un aumento del 25% interanual del ancho de banda internacional —hoy cuatro veces mayor que en 2019— reflejan una conectividad en expansión, impulsada en gran medida por agendas nacionales y por la carrera por liderar en inteligencia artificial. En paralelo, los servicios IT mantienen una trayectoria de crecimiento sostenida desde antes de la pandemia y el comercio de bienes tecnológicos vuelve a crecer tras la caída de 2023, desmarcándose del estancamiento general del comercio de bienes y evidenciando la prioridad estratégica de invertir en capacidades de IA.
Esta dinámica se intensificó en 2025, cuando la competencia en IA disparó la inversión transfronteriza en infraestructuras digitales. Las inversiones greenfield en centros de datos alcanzaron un récord cercano a los 370.000 millones de dólares, casi el doble que en 2024, anticipando un aumento futuro de los flujos internacionales de chips, componentes electrónicos, equipamiento de comunicaciones y servicios IT. Todo ello abre la puerta a un repunte de la productividad global, tras años de estancamiento, con estimaciones que apuntan a que la IA generativa podría añadir entre 0,1 y 0,6 puntos porcentuales al crecimiento anual de la productividad hasta 2040.
Sin embargo, el avance convive con una creciente incertidumbre. Las restricciones a la movilidad del talento empiezan a frenar algunos flujos clave: aunque el número de estudiantes internacionales creció un 8% en 2024, superando niveles prepandemia, los primeros datos de 2025 ya muestran caídas en visados en Estados Unidos, Canadá y Australia. A ello se suman controles cada vez más estrictos sobre tecnologías y recursos críticos, especialmente en el eje Estados Unidos–China.
Pese a este entorno más fragmentado, la cooperación no desaparece, sino que se concentra en ámbitos donde los incentivos son claros. Persisten alianzas selectivas en centros de datos de IA, semiconductores y 5G entre bloques de países afines, y la colaboración sigue avanzando en estándares, cloud, datos y despliegues de IA aplicada. La conclusión es pragmática: incluso con más barreras, la innovación seguirá avanzando allí donde separe lo sensible de lo escalable y donde las reglas, los intereses y la velocidad de ejecución estén alineados.
Entonces… ¿qué nos está diciendo realmente este informe?
Que la cooperación no ha desaparecido, pero ya no funciona por inercia. Hoy coopera quien:
- ve un beneficio claro
- comparte riesgos concretos
- puede avanzar rápido con pocos actores
La era del “todos juntos en todo” se debilita. La era del “juntos en lo que importa” gana terreno.
Una conclusión incómoda (pero realista)
El mensaje final del Barómetro es casi una invitación a madurar como sistema global. No basta con defender la cooperación como un valor moral. Tiene que tener sentido práctico. Y quizá ahí esté la lección más importante de 2026: en un mundo más fragmentado, la cooperación sobrevive cuando es útil, específica y accionable.
No es tan épico como los grandes tratados del pasado. Pero es mucho más real. Y, tal vez, más sostenible.




